Domingo 7 de diciembre

Ora lo que tienes en el corazón

Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos… (v. 17).


La escritura de hoy: Daniel 9:4-6, 15-19 John Blase  escribe:

Brenda y Eduardo se subieron al coche y comenzaron su ritual de los jueves por la noche.

—¿Dónde te gustaría comer?

—Ay, Edu, cualquier lugar está bien.

—Bueno, ¿qué te parece El Molino?

Brenda se sobresalta: —¡No, en cualquier lugar, menos ahí!

Edu suspira: —Entonces, ¿dónde?

Brenda insiste: —De verdad, cualquier lugar está bien.

Es el material perfecto para una comedia: aunque frustrante, divertido.

A veces, puede ser así en nuestra vida de oración. Somos demasiado ambiguos. En cambio, la oración en Daniel 9 muestra a Daniel diciendo valientemente lo que desea. Primero, confiesa el pecado de su pueblo: «hemos cometido iniquidad» (v. 5), y luego hace su petición: «Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos […]. Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo» (vv. 17, 19). Aunque Dios no le debía nada, en sus «muchas misericordias» (v. 18), le concedió todo su deseo.

Hay veces en que decir lo que deseamos es la manera de orar. Aunque es correcto pedir que se haga la voluntad de Dios, como hizo Jesús (Mateo 26:39), el Señor honra nuestra osadía cuando acudimos a Él con corazones arrepentidos. Por eso, sé valiente y ora diciendo lo que tienes en el corazón.

Reflexiona y ora

¿Cómo se comparan tus oraciones con Daniel 9:4-19? ¿Qué podrías confesar antes de hacer tus peticiones a Dios?

Ahora pues, Dios mío, oye las oraciones de tu siervo.

Lunes 8 de diciembre

Generosidad hospitalaria

Cuando siegues tu mies en tu campo, y olvides alguna gavilla en el campo, no volverás para recogerla; será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda… (v. 19).


La escritura de hoy: Deuteronomio 24:17-22 Matt Lucas  escribe:

Hace unos años, nuestra iglesia acogió a refugiados que huían de su país debido a un cambio en el liderazgo político. Familias enteras llegaron con solo lo que podían llevar en una pequeña bolsa. Varias familias de nuestra iglesia abrieron sus hogares, algunas con muy poco espacio disponible.

Tal hospitalidad evoca el mandato de Dios a los israelitas antes de habitar en la tierra prometida. Al ser una sociedad agricultora, entendía la importancia de la siega anual. Dios les dijo que, cuando cosecharan, dejaran lo que había quedado atrás: «no volverás para recogerla; será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda» (Deuteronomio 24:19). Debían practicar la generosidad, aun sin saber si tenían suficiente, confiando en la provisión de Dios, quien los bendeciría «en toda obra de [sus] manos» (v. 19). Dios siempre tiene suficiente.

Practicar la hospitalidad también les recordaba que el pueblo había sido «esclavo en Egipto» (v. 22 RVC). Aunque quizá no todos hemos experimentado tal opresión, sí hemos tenido necesidades. Al dar a otros, hacemos bien en recordar nuestra necesidad más básica: la liberación de nuestro pecado. «Cuando aún éramos pecadores, Cristo murió por nosotros» (Romanos 5:8).

Nuestro Dios generoso «ama al dador alegre» (2 Corintios 9:7).

Reflexiona y ora

¿Hacia qué persona o grupo necesitado ha dirigido Dios tu atención? ¿Qué podrías darles?

Padre, abre mis ojos para ver a los necesitados.

Martes 9 de diciembre

Ser la iglesia

… Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos (v. 47).


La escritura de hoy: Hechos 2:36-47 Anne Cetas  escribe:

En una tarde soleada, dibujaba con tiza para acera junto a la familia sudanesa de la casa vecina. Desde otra casa, donde un pequeño grupo celebraba servicios de adoración, se escuchaban canciones. La joven madre con la que hablaba sintió curiosidad por lo que estaba ocurriendo, así que caminamos hasta allí para escuchar. Nos invitaron a unirnos a ellos. Un joven, de pie en un tanque lleno de agua para el bautismo, habló sobre haber recibido el perdón de sus pecados y comprometerse a seguir a Jesús.

Fue una oportunidad única para escuchar un testimonio de salvación justo al lado de casa. Ese grupo era la iglesia en nuestro vecindario.

Jesús está edificando su iglesia en todo el mundo. Antes de su ascensión, les dijo a sus seguidores que enviaría al Espíritu a vivir en ellos, y que daría poder a sus testigos para predicar y enseñar «hasta lo último de la tierra» (Hechos 1:8). De inmediato, Dios añadió «cada día a la iglesia los que habían de ser salvos» (2:47).

Podemos ayudar a edificar la iglesia de Cristo al practicar nuestra fe en nuestros vecindarios y compartir lo que Él ha hecho por nosotros: dar su vida y resucitar para perdonarnos y darnos vida eterna. El Señor nos ayudará a saber cómo servir a otros en su iglesia hoy.

Reflexiona y ora

¿Cómo podría Dios estar utilizándote para edificar la iglesia de Jesús? ¿Qué más podrías hacer?

Jesús, gracias por añadir personas a tu iglesia diariamente.

Miércoles 10 de diciembre

Lecciones inolvidables

Hijo mío, no te olvides de mi ley, y tu corazón guarde mis mandamientos (v. 1).


La escritura de hoy: Proverbios 3:1-12 Arthur Jackson  escribe:

Corey Brooks, «el pastor del tejado», vivió 343 días en el techo de su iglesia en Chicago para incentivar la transformación comunitaria. Brooks publicó en internet un reconocimiento a su maestro de primaria, Joe Stokes, quien le enseñó cuatro lecciones inolvidables: el poder de la perseverancia, la importancia de la integridad, el valor del compromiso con la comunidad y el impacto de la educación.

Aplicando la sabiduría de Salomón en Proverbios 3, nosotros también podemos vivir de formas que impacten a nuestra comunidad. Allí enseñó cuatro lecciones apropiadas para los que confían en Dios y son llamados a ser una fuerza positiva: «Fíate del Señor» (v. 5); «Teme al Señor, y apártate del mal» (v. 7); «Honra al Señor con tus bienes» (v. 9); «[No] te fatigues de su corrección» (v. 11). Esta sabiduría centrada en Dios incluye también aspectos de nuestra fe que alcanzan a los demás.

En Mateo 5:3-12, Jesús, la materialización suprema de la sabiduría, les recordó a sus seguidores que ellos impactaban enormemente a la gente: «Vosotros sois la sal de la tierra» (v. 13); «Vosotros sois la luz del mundo» (v. 14). Como tales, nos honra que «alumbre [nuestra] luz delante de los hombres, para que vean [nuestras] buenas obras, y glorifiquen a [nuestro] Padre que está en los cielos» (v. 16).

Reflexiona y ora

¿Quién te impulsa a honrar a Dios de maneras que también impacten a la gente? ¿Cómo puedes volver a aplicar lecciones de la Biblia que hayas olvidado?

Padre, renueva hoy mi corazón.

Jueves 11 de diciembre

Mostrar a Jesús

Vestíos, pues, como escogidos de Dios, […] de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia (v. 12).


La escritura de hoy: Colosenses 3:12-17 Alyson Kieda  escribe:

Un hombre mayor que corría por una calle de Nueva York se detuvo de repente al notar un par de zapatillas gastadas junto al cartel de un hombre sin hogar que pedía ayuda. Al enterarse de que ambos tenían una talla similar, el corredor le dio sus zapatillas (¡y los calcetines!), y luego siguió descalzo hasta su casa. Pero antes de irse, le explicó: «He sido bendecido toda mi vida. Dios ha sido muy bueno conmigo, así que siento que también debo bendecirte a ti».

Así como ese hombre mostró bondad a otro porque Dios había sido bueno con él, los creyentes en Jesús somos llamados a vestirnos de benignidad (Colosenses 3:12). En realidad, todo lo que hacemos o decimos debemos hacerlo «como representantes del Señor Jesús» (v. 17 NTV). Además de la benignidad, debemos ser ejemplos «de misericordia, […] de humildad, de mansedumbre, de paciencia» (v. 12). El fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23) se desarrolla en nosotros porque Él mora en nuestro interior, y se manifiesta mediante el amor de Dios que transmitimos a otros al unir todas estas virtudes en un «vínculo perfecto» (Colosenses 3:14).

Como el corredor, estemos alerta a las oportunidades de ser benignos mediante una palabra alentadora, un acto amable, o incluso regalando nuestros zapatos. Al hacerlo, mostramos a Jesús (v. 17).

Reflexiona y ora

¿Cómo te ha afectado la benignidad de otros hacia ti? ¿Cómo puedes mostrar benignidad a alguien hoy?

Padre, ¡quiero ser más como tú!

Viernes 12 de diciembre

Cultivar la gratitud

Daré gracias al SEÑOR con todo mi corazón; todas tus maravillas contaré (v. 1 NBLA).


La escritura de hoy: Salmo 9:1-12

«Papá, ¿me traerías un poco de agua?», preguntó mi hija menor. «Claro», respondí, llevándole un vaso lleno. Lo tomó sin decir nada. Luego, mi hija mayor pidió lo mismo. Ella tampoco respondió después de darle el agua. Molesto, exploté: «¿Alguien va a decir “gracias”? ¿Por qué es tan difícil?».

A veces, no hay nada como la frustración parental para abrir la puerta a la obra de Dios. Enseguida, sentí el suave impulso del Espíritu Santo: Sí, Adam, ¿por qué es tan difícil decir «gracias»? Quedé destrozado. Resulta ser que la falta de gratitud no es solo un problema de mis hijos, sino también mío.

No sé por qué decir «gracias» puede ser tan difícil, pero parece ser parte de la condición humana. Sin embargo, los salmos ofrecen un modelo para desarrollar la gratitud. Allí, muchos alaban a Dios en medio de numerosas pruebas. Y la promesa de acciones futuras suele preceder a sus acciones de gracias.

En el Salmo 9:1, David elige deliberadamente ser agradecido: «Daré gracias al Señor con todo mi corazón; todas tus maravillas contaré» (nbla). Tal vez creamos que la gratitud es primeramente un sentimiento, pero David nos recuerda que es también una elección.

Como David, al elegir cultivar el hábito de la gratitud, iremos reconociendo y apreciando la bondad de Dios en cada aspecto de la vida.

Reflexiona y ora

¿Cómo puedes cultivar el hábito de la gratitud? ¿Por qué cosas estás agradecido?

Padre, gracias por todas tus bendiciones.

Sábado 13 de diciembre

Gozo y fuerza en Dios

… no os entristezcáis, porque el gozo del Señor es vuestra fuerza (v. 10).


La escritura de hoy: Nehemías 8:5-6, 8-12 Katara Patton  escribe:

En medio de coloridas creaciones hechas con botellas de plástico cortadas para parecer plumas e incluso pantallas de lámparas, un guía en un museo de Nueva Orleans compartió la idea detrás del uso de ese material: «Para una ciudad que ha pasado por tantas dificultades, también hemos aprendido a usar lo que tenemos para crear alegría y belleza. No nos enfocamos solo en los tiempos difíciles; celebramos la resiliencia».

Nehemías y los israelitas también enfrentaron dificultades, pero perseveraron en el gozo del Señor. Tras ser exiliados de su tierra, finalmente pudieron regresar a Jerusalén (Nehemías 4:7-12). Pero al volver, siguieron enfrentando oposición para reconstruir el muro que protegía Jerusalén (cap. 6). Aun después de haber completado el muro y reunirse para celebrar, el pueblo apesadumbrado «lloraba al escuchar las palabras de la ley» (8:9). Pero Nehemías les recordó que podían hallar gozo y fuerza en Dios, al recordar quién era Él y por dónde los había conducido. Les dijo: «el gozo del Señor es vuestra fuerza» (v. 10).

Enfocarnos en Dios puede darnos «grande alegría» (v. 12). Su carácter y las Escrituras pueden renovar nuestra mente, y proveer la fuerza y la perseverancia que necesitamos.

Reflexiona y ora

¿Cuándo hallaste gozo y fuerza en Dios? ¿Cómo puedes perseverar en medio de tus pruebas?

Dios, en mis circunstancias oscuras, que encuentre gozo y fuerza en ti.

Domingo 14 de diciembre

Una caja de jugo vacía

El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva (v. 38).


La escritura de hoy: Juan 7:37-39 Elisa Morgan  escribe:

Cuando dirigí un ministerio para mamás de niños en edad preescolar, buscamos una imagen que describiera las exigencias interminables que enfrentan las madres: cambiar pañales, limpiar narices, recoger juguetes. Resultó ser que la imagen estaba justo frente a nosotros: una caja de jugo vacía y aplastada. Así pueden sentirse las madres. Ese ministerio las ayudó guiándolas hacia la Fuente de agua viva que llena por completo: Jesús.

En Juan 7, Jesús fue a la fiesta de los tabernáculos (v. 10) que conmemoraba la provisión de Dios a los israelitas en el desierto. Esta fiesta incluía derramar agua como símbolo de la productividad que genera y tipificando la lluvia espiritual que traería el Mesías. Jesús cumple lo que aquella fiesta anticipaba: «Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva» (vv. 37-38).

A veces, podemos sentirnos como recipientes vacíos. Agotados por cuidar a otros. Desgastados por el trabajo. Exhaustos por las responsabilidades diarias. ¡Las exigencias interminables nos dejan secos! Pero cuando vivimos en relación con Dios, Él proporciona manantiales de agua viva en nuestros corazones para refrescarnos y revitalizarnos, sin importar cuántas preocupaciones intenten marchitarnos.

Reflexiona y ora

¿Qué tareas te agotan? ¿Cómo puedes hacer una pausa para sentir que el Espíritu de Dios te fortalece?

Dios, lléname continuamente de tu Espíritu.